
The dream is over
What can I say?
the Dream is Over
YesterdayI was the Dreamweaver
But now I'm reborn
I was the Walrus
But now I'm John
and so dear friends
you'll just have to carry on
The Dream is over
J. Lennon
J. Lennon
Pasaron los tiempos de esperar el futuro y de buscar a Dios, de encontrar nuevos mundos y otros estudios, de aprender un arte o practicar un deporte; se acabaron esas fuerzas extrañas y bruscas reclamando un lugar en el mundo, esa pesquisa por la realidad que tanto me angustiaba mientras despertaba tardísimo y sin prisas. Se acabaron las especulaciones amorosas, la eterna baraja de los rostros y los cuerpos, insaciable y soñada; los paraísos por conocer, la tierra prometida, el cuerpo sin grasa, inagotable. Se acabó.
Todas esas apuestas al destino el tiempo las va sellando como una máquina formidable, como un tasador enorme, implacable y sordo, y las hojas de los días muestran su veredicto brutal en la circulación fresca de los niños, en la renovada estupidez de los adolescentes, en las nuevas emociones ya estériles en mi corazón, en la creatividad nueva, abundante y ajena, en las palabras guardadas, perdidas, gastadas, inútiles ya por falta de espacio y tiempo, en la música que no sabes, en el cine que no ves; en la inexorable rutina del trabajo, en la intrascendencia del mismo.
Estoy plantado en una hora sin falsas cortapisas, en vilo, despierto, casi con insomnio, porque no me doy al soñar y tampoco descanso. La intuición se ha vuelto lenta, pero he ganado visión y panorama. Todo se empieza a descomponer sin dolor; uno ve, con un poco de bostezo, cómo pasa la sangre y los motivos hirvientes de la mañana y el mediodía, tranquilo y sin prisa, esperando una resolución sin fatigar la carne, emocionado sin explotar, a salvo de toda amenaza o falsa promesa urdida por el futuro.
Todas esas apuestas al destino el tiempo las va sellando como una máquina formidable, como un tasador enorme, implacable y sordo, y las hojas de los días muestran su veredicto brutal en la circulación fresca de los niños, en la renovada estupidez de los adolescentes, en las nuevas emociones ya estériles en mi corazón, en la creatividad nueva, abundante y ajena, en las palabras guardadas, perdidas, gastadas, inútiles ya por falta de espacio y tiempo, en la música que no sabes, en el cine que no ves; en la inexorable rutina del trabajo, en la intrascendencia del mismo.
Estoy plantado en una hora sin falsas cortapisas, en vilo, despierto, casi con insomnio, porque no me doy al soñar y tampoco descanso. La intuición se ha vuelto lenta, pero he ganado visión y panorama. Todo se empieza a descomponer sin dolor; uno ve, con un poco de bostezo, cómo pasa la sangre y los motivos hirvientes de la mañana y el mediodía, tranquilo y sin prisa, esperando una resolución sin fatigar la carne, emocionado sin explotar, a salvo de toda amenaza o falsa promesa urdida por el futuro.