martes, 28 de octubre de 2008

Levedad




Todo empezó sustrayendo el peso de mi cuerpo: volaba sin movimiento, acompasado por el aire inmaterial de los sueños. Mi espacio era agua sobre la superficie, como una lluvia de infancia que todo lo alimenta. Tenía mil ojos, un solo rostro; cientos de manos, un solo tacto. La presencia estaba bordándome las venas.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Sun King




A veces, el sol es mi certeza más profunda, la única ficción posible sobre el cuerpo.

La campana del día se expande en mis oídos
y su percepción es total:
la voz habla donde no es.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Survival



(Apenas despierto tengo esta certeza: el día que me vaya de aquí seré un sobreviviente)

Una mañana hostil, una mañana que no recuerdo, viajaba dormido en camión para el trabajo mientras la gente subía y subía en mi sueño; al despertar no hubo nadie; entendí que a esa hora nadie sube y nadie baja: todos soñamos.

Fragmentos de una correspondencia perdida (2)





Igual que se bordea un espejismo, yo doy vueltas sobre tu presencia con pasos lentos, casi imperceptibles, para que no escapes; equilibrio ritual hacia una persecución de significados, necesidad de límite que defina mi posición ante ti, la distancia. Apenas mi mano se mueve y tiemblo, como si el amor fuera una fobia de ratas, un miedo más potente que cualquier deseo. Y despacio avanzo sobre este insoportable clima de respeto; bajo el peso de una prudencia que me asfixia.

Sin embargo, cada segundo estoy más cerca de tocar el festín de los sueños. Las nervaduras de mi cuerpo se tensan: mis poros atisban el recelo bajo tu vientre, esa maravilla espesa. Y llegado el momento, cuando la primera detonación salga de mis dedos y te perfore el orgullo, no existirán palabras ni tiempo: todo será tan instantáneo y volátil como un principio corporal, asidos a nuestra naturaleza de espejismos, deseando ser piedra, mar o río, desvanecidos en el aire, como playas que no encuentra el mar.

lunes, 25 de agosto de 2008

Carpentier, escritor tropical


Alejo Carpentier y Severo Sarduy: la experiencia americana que rompió sus diques


Debo confesar que siento una entrañable empatía con el pensamiento de Alejo Carpentier. Algo de origen y calor. Su Problemática de la actual novela americana vino a mí como una respuesta que nunca había exigido, como la estructura racional de aquello que para mí siempre fue raíz.

Cada año regreso a Veracruz; específicamente: Cosamaloapan. Recuerdo una tarde que intenté leer a Borges en pleno verano. Mis padres no tienen aire acondicionado; sólo ese letargo motorizado llamado ventilador. Necesitaba leer: “El hombre de la esquina rosada” para un trabajo del colegio. El aire de la tarde, denso, casi material, se llevaba a gajos toda mi voluntad y entendimiento; a cada renglón, a cada párrafo que intentaba descifrar en el entresueño, mi imaginación ponía partes apócrifas a la narración e hilaba, con el pegamento de la canícula, la historia que ya no estaba leyendo sino soñando, preso en el estupor de los cuarenta grados tropicales del sur veracruzano. Así fue como tuve un Borges mitad escrito, mitad imaginado: parataxis inducida por el narcótico del verano.

Pensé: ¿cómo se puede llegar a ser un intelectual en estas condiciones?

La lectura es imposible en el trópico mexicano: todo intento de alta cultura se deshace entre el castigo del sol y el impulso natural de moverse, como si el calor dilatara los impulsos corporales y paralizara el intelecto. Sin duda, esa es la razón por la que la capital intelectual del Estado de Veracruz es Xalapa: un bosque húmedo donde la lluvia y la neblina se imponen como de manera estricta por más de la mitad del año; ciudad propensa al anonimato, la depresión y, por ende, a la filosofía.

Del puerto de Veracruz a Xalapa tan sólo hay una hora de distancia, pero sus ambientes son tan disímiles como podrían serlo dos continentes: el puerto es lúbrico y trepidante; orgulloso mar al fin y al cabo. La capital es fría, discreta, sedentaria: esposa fiel que la niebla censura. Eso fue, para mí, lo cotidiano; crucé y sigo cruzando esos ambientes extremos, adaptándome a su extraño humor climatológico, empacando la chamarra si iba para el norte, o bien el short y el bronceador camino al sur.

En un momento así, creo, vinieron las ideas de Carpentier.

Pensar la experiencia de la lectura y la creación desde nuestro contexto americano tuvo, forzosamente, que admitir su peculiaridad de sal y color. Los paraísos tropicales, con su clima sexual, de fruta carnosa y palpitante, distan mucho del bosque sabio, de honrado pino e intimidad invernal del paisaje europeo. Carpentier lo muestra en su obra al retratar las ideas europeas que dan al traste en un contexto mulato, mestizo, lleno de la asimetría, que devienen en el surrealismo de la yuxtaposición de lo civilizado y lo salvaje de la América Poscolonial.

Esa observación llevó a Carpentier a afirmar que: “El barroco es el legítimo estilo de novelista latinoamericano actual”. Punta ideológica que sintetiza el sentir del cubano frente a un mundo siempre por descubrir, y que se concretaría en su novelística y en la escuela del Neobarroco Cubano, que tuvo entre sus filas a Lezama Lima, Cabrera Infante, entre otros. Por su parte, Severo Sarduy, otro cómplice habanero, apoyó y sustento esta aseveración con su ensayo sobre el neobarroco, que significó la racionalización de la bandera ideológica con que navegarían estos escritores, donde clarifica las tendencias y señala su gestación, similitud y diferencias con el barroco de la antigua España.

Sin embargo, esta reflexión, a pesar de haber sido producto de esa particular situación intelectual americana, se ha salido de sus cauces y ha llegado a otras instancias: ha coincidido, en sus postulados, con un clima cultural del mundo, donde la hibridación y mestizaje se convierte en la tendencia de la llamada posmodernidad. Los fenómenos de la educación europea injertada en tierra americana han dejado de ser una peculiaridad regional para convertirse en un fenómeno que crece en la actualidad y futuro del mundo; los valores de la modernidad, último avatar de la cultura renacentista, viven una etapa de crisis profunda, un cuestionamiento de sus mitos más queridos, un crepúsculo de dioses sustanciales como podrían ser los conceptos de identidad y nación. Una horda de nuevos bárbaros y nuevos conquistadores han entrado a escena: por un lado, los crecientes flujos migratorios (que Roger Bartra ha llamado: las “culturas líquidas en la tierra baldía”, siguiendo el poema de T. S. Elliot); por el otro, la invasión total de la cultura norteamericana en todos los recovecos del mundo, pugnando así una nueva cruzada cuyo dios y grial es el hiper-consumismo y la fragmentación.

En este contexto, el mestizaje americano es ya un antecedente universal. Un primer laboratorio de culturas en contacto, de choque civilizatorio, que bien puede explicar, mirando en retrospectiva, lo que puede venir. Así parece mostrarlo la ya mencionada tendencia migratoria en el mundo, el avance de las tecnologías rompe-fronteras y el nuevo colonialismo ideológico, homogenizador, de los emperadores del marketing.

En resumen, vivimos hoy, en América y el mundo, la lógica cultural del capitalismo tardío -como la llamó Frederic Jameson-; un proceso cultural que guarda muchas similitudes con el proceso de conquista y contraconquista americano, con sus orígenes y consecuencias, y que en su expresión artística comparte tendencias al bricolaje, la descentración, la parodia, gusto por la intertextualidad, la carnavalización, la saturación, el despilfarro, entre otras, empatando ideas de pensadores en apariencia lejanos, como podrían serlo Severo Sarduy y Frederic Jameson.

miércoles, 18 de junio de 2008

Algo sobre san Juan de la Cruz


(Qué bueno era escribir sobre esto....me pregunto si algún día podré hacerlo otra vez)




Para hablar de lo infinito, se tiene que utilizar otro recurso igualmente infinito: el símbolo, un lenguaje con significado inestable y de constante regeneramiento; sin límite semántico y provocador de reflexiones que se abren perpetuamente, pues sus propósitos comunicativos así lo exigen. ¿Cómo explicar las transiciones del alma que requiere unirse a Dios? En esa colosal tarea, san Juan tuvo que perseguir una analogía o correspondencia en el mundo material para mostrar una realidad sensible, y entre los muchos símbolos que utilizó, el de la noche oscura es el más importante de todos, ya que tiene todos los elementos de su poesía: la noche es profundidad de Dios y el abismo sin fin de su naturaleza; es la ansiedad por el misterio, el peso de lo que no se ve, el miedo de verse impedido por la penumbra; la noche es el éxtasis de los amantes, la hora secreta que esperan los enamorados para fundirse en un solo latido del corazón, en secreto, con la licencia que da la oscuridad para hacer lo que el día cohíbe con su deslumbramiento; la noche es calma, el dormir; el sueño que reconforta o atemoriza; la hora reflexiva donde las ideas encuentran el silencio necesario; la noche es amenaza, un temor a lo desconocido, el abismo de la fe, el camino a ciegas hacia el Misterio; asombra, conmueve, motiva y emociona; nadie conoce su principio, nadie conoce su fin, porque todo el universo es noche. La noche es el símbolo perfecto para describir a Dios.


De: La noche oscura de san Juan de la Cruz (fragmento)

lunes, 19 de mayo de 2008

The Dream is Over


The dream is over

What can I say?

the Dream is Over

YesterdayI was the Dreamweaver

But now I'm reborn

I was the Walrus

But now I'm John

and so dear friends

you'll just have to carry on

The Dream is over

J. Lennon


Pasaron los tiempos de esperar el futuro y de buscar a Dios, de encontrar nuevos mundos y otros estudios, de aprender un arte o practicar un deporte; se acabaron esas fuerzas extrañas y bruscas reclamando un lugar en el mundo, esa pesquisa por la realidad que tanto me angustiaba mientras despertaba tardísimo y sin prisas. Se acabaron las especulaciones amorosas, la eterna baraja de los rostros y los cuerpos, insaciable y soñada; los paraísos por conocer, la tierra prometida, el cuerpo sin grasa, inagotable. Se acabó.

Todas esas apuestas al destino el tiempo las va sellando como una máquina formidable, como un tasador enorme, implacable y sordo, y las hojas de los días muestran su veredicto brutal en la circulación fresca de los niños, en la renovada estupidez de los adolescentes, en las nuevas emociones ya estériles en mi corazón, en la creatividad nueva, abundante y ajena, en las palabras guardadas, perdidas, gastadas, inútiles ya por falta de espacio y tiempo, en la música que no sabes, en el cine que no ves; en la inexorable rutina del trabajo, en la intrascendencia del mismo.

Estoy plantado en una hora sin falsas cortapisas, en vilo, despierto, casi con insomnio, porque no me doy al soñar y tampoco descanso. La intuición se ha vuelto lenta, pero he ganado visión y panorama. Todo se empieza a descomponer sin dolor; uno ve, con un poco de bostezo, cómo pasa la sangre y los motivos hirvientes de la mañana y el mediodía, tranquilo y sin prisa, esperando una resolución sin fatigar la carne, emocionado sin explotar, a salvo de toda amenaza o falsa promesa urdida por el futuro.