miércoles, 6 de mayo de 2009

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¿Cuántas veces puedo renacer de mis cenizas?

Las necesarias para estar contigo.

Tú eres mi esperanza, por ti vuelvo a nacer

A pesar del fuego

viernes, 20 de marzo de 2009

"El luchador" de Darren Aronofsky




Esperé mucho para verla desde que supe que era la nueva película
de Darren Aronofsky, protagonizada por el resucitado Mickey Rourke y que contaba la historia de un luchador decadente. Resistí la tentación de la piratería, que dos meses antes del estreno ya la ofrecía por 15 varos el clon de DVD. Se me escapó del Ficco, pues los horarios no nos quedaban ni a mí ni a Bianca, y sería impensable ir a ver esta película con alguien que no fuera ella. Y por fin, después de librar compromisos de toda clase, un domingo en la tarde nos dispusimos a verla en nuestro Cinemex favorito (Pabellón del Valle: poca gente y salas pequeñas) y el inevitable combo de palomitas –refresco- hot dog de 65 pesos.

Y esta es la parte difícil, donde no puedo dejar de ser emocional: El luchador es una obra de arte, patética como pocas, con todos los méritos para afirmarse como la mejor película que hayan hecho el director y el protagonista, de factura impecable en cuanto dirección y actuación, de una honestidad casi ofensiva para un público acostumbrado a evadirse en el cine: es, en resumen, la brutalidad de la vida puesta en escena, inspiradora y triste al mismo tiempo.

La anécdota es en realidad simple: Randy “The Ram” Robinson es un luchador venido a menos con los años, pero que sigue vigente en el circuito semi-profesional de los Estados Unidos, peleando en funciones de fines de semana en diversas plazas improvisadas. El espectador asiste al momento en que a Randy, la vida le está cobrando las facturas de una vida en el ring: agotamiento físico, enfermedad, problemas económicos y una situación emocional hecha trizas.

El caso es que la lucha más violenta de Randy no es adentro del cuadrilátero, donde personajes como “El ayatola” le propinan innumerables golpes, llaves, sillazos y hasta torturas con una engrapadora, sino afuera, donde la vida le castiga con la soledad, el fracaso, la incomprensión y la pobreza. Su lucha en realidad es seguir dentro de la lucha libre, único lugar donde Randy es, a pesar de sus fracasos afectivos, la estafa y avaricia de los match makers y la muerte que da su primer aviso con un ataque al corazón.

Con gran acierto, el director deja a un lado el montaje frenético de sus anteriores películas y nos ofrece una puesta en escena bien nivelada, cambiando de ritmo según lo exige la historia, permitiendo crecer la actuación en los momentos íntimos del personaje e imprimiéndole un ritmo violento a las escenas de lucha; todo esto da como resultado una obra muy personal y humana, que logra una total compenetración con el espectador. Y mucho de esto gracias a la capacidad histriónica de Rourke, único actor posible para tan singular filme, pues logra enganchar al espectador desde la primera toma, y transmite naturalmente el gran peso, literal y metafórico, de ser Randy “The Ram” Robinson, mención aparte es el espléndido trabajo físico en las escenas de lucha libre, donde Rourke, en su mayor parte, no fue doblado.

“El luchador” bien podría haber terminado en un simple melodrama convencional, de caída y redención de una estrella deportiva, pero en manos de Aronofsky y con la personalidad de Rourke, la película se transforma en una imagen despiadada del fracaso y la frustración en un mundo que avanza demasiado rápido, dejando al lado todo aquello que no puede seguir su tren de vida. Randy lucha por no desaparecer, lucha contra la muerte en una sociedad de emociones recicladas: esta es la jornada telefilmada hacia la tierra baldía del espíritu contemporáneo, a la fotografía de la gran nada existencial, un viaje al corazón más noble y puro del white trash norteamericano.

Pero la metáfora de Randy no se reduce a las constelaciones de estrellas muertas del espectáculo: es el destino de muchos hombres aplastados por la incesante máquina de la simulación, aquella que confunde el "éxito personal" con la realización humana, es el hombre atropellado por la velocidad posmoderna, por su incesante producción y búsqueda de objetos que llenen nuestras vidas huecas, donde al final del día, no nos queda más que un cúmulo de basura que ya no podemos retener y entonces, al limpiar el closet del porvenir, nos damos cuenta que estamos tan vacíos, secos e infértiles como un bosque consumido por la erosión.


(Atención, si no has visto la película, esta parte puede arruinar tu experiencia estética, pues habla sobre el final )

Aún así, el personaje cumple su destino de héroe trágico y acaso se puede configurar un mensaje de su acto: si es necesario morir por aquello que nos da vida, vale la pena morir; ese es tal vez el significado de la escena final, cuando desde la tercera cuerda, Randy se propone hacer, con el corazón destrozado, el siempre espectacular “Ram Jam Slam”: su enorme cuerpo queda suspendido en el aire, repentinamente se hace el fade out y suena la música de Springsteen. Imagen abierta que bien podría representar el salto de fe que requería Kierkegaard para salvar al hombre de esta angustia suprema: saber que está solo en el mundo, y sin embargo, el último sacrificio del héroe, mitad hombre, mitad carnero, también podría ser una expiación vana, perteneciente a una mitología ya desechable, pero que nos sigue manteniendo con vida; en conclusión: un final de simulacro que sólo se resolverá en el interior del espectador y su espejo frente a la obra.

Una última observación: entre más adulto seas, más disfrutarás esta película, pues habrás caído ya un montón de veces, como el buen Randy. Obra maestra.

Aarón Espinosa

jueves, 5 de marzo de 2009

I´m Afraid of Americans

Como tantas obsesiones que pasan por mi mente, no dejo de pensar en el inicio del gran declive de la nación norteamericana, tal como lo anunció Morris Berman.

Según este autor, los Estados Unidos han entrado en un momento histórico, con Bush de por medio, donde están más cerca de la Edad Media que de una democracia liberal y progresista.

Estas características neo-medievales son:

1. El triunfo de la fe sobre la razón
2. Crisis educativa y rechazo al pensamiento crítico
3. La legalización de la tortura y el crimen de estado
4.La marginación de Estados Unidos en la escena mundial

En verdad lo siento tanto por nuestros primos-ricos-gandallas del norte, y aún más porque estamos tan cerca de ellos, más de lo que quisiéramos,y por lo que si este video, tomado del blog de Berman, señala a los gringos como unos estúpidos faltos de toda noción de la historia, no quisiera ver cómo nos haría ver a nosotros en una encuesta similar.

Creo firmemente que el Gran Imperio Posmoderno de la Banalidad-Fractal está por morir y esta crisis económica será el primer clavo en su ataud. Nos acercamos a nuevos fundamentalismos, la ignorancia y el miedo, la incertidumbre nos orillará a cerrarnos en nuestros grupos bien definidos. ¿Qué sigue para U.S.A?¿Seguirá un neo-socialismo con Obama? El gobierno ya compró una gran parte de la deuda de los bancos; esta nacionalización disimulada y otras intervenciones anunciadas han hecho que el Newsweek publique un artículo titulado: We Are All Socialists Now.

http://www.newsweek.com/id/183663


Lo que sea, con tal de eliminar tanta estupidez del mundo.




miércoles, 11 de febrero de 2009

El sonido de la catástrofe




A muchos nos han empezado a llegar los primeros síntomas de la pandemia económica inaugurada por el ya inolvidable Baby Bush: desempleo, paranoia laboral, pronósticos desoladores, el fin del mundo. Una crisis que ha hecho que el mismísimo dueño de México, Carlos Slim, se lance a expresar oscuros vaticinios sobre la economía, insinuando que hasta ÉL podría quedarse sin chamba este año. Valga decir que (sin querer contribuir a esta psicosis) van dos días que el Metro no me puede dar cambio en la mañana de un billete de doscientos, y que hoy tuve que ir a dos tiendas a buscar una botella de agua, porque en la primera (un Seven) no tenían cambio de veinte pesos, y la segunda (un Oxxo) sí tenía, pero me hicieron jetas como si le pagara con un billete de 1000 pesos.


Algunos saben que, por paradójico que suene, me dedico al periodismo financiero y que no soy un experto en nada, sólo trato de entender cómo funciona la economía y cómo nos afecta. De buenas fuentes sé que, aunque es real esta crisis, y sí, superior en alcance al Crash de 1929, no será nada que no hayamos visto en México en épocas anteriores. Así que podemos ufanarnos y decirle al Primer Mundo que se aguante como los machos: nosotros llevamos años en el desempleo feroz y sin un significativo crecimiento económico.


El problema aquí es que las noticias, con tal de hacer la realidad un espectáculo, están creando una verdadera histeria propia de las películas gringas, y eso afectará muchísimo nuestras decisiones a tomar: desde el inversionista que escucha el inútil pesimismo del mayor empresario de México, hasta el ciudadano común y corriente que va lamer las botas de su empleador el resto de este año para conservar el trabajo.


Y seamos sinceros: a este mundo le encantan las crisis, la muerte de todo, los preludios del Apocalipsis; desgraciadamente, no faltarán cristianos que estén felices porque en la posible muerte del sistema económico, tal como lo conocemos, así como en el conflicto palestino-israelí o el desastre ecológico, están los signos inequívocos del final de la Babilonia Posmoderna. Adoradores de la muerte, les decía con razón Nietzsche; no ayudan en mucho.


Yo sólo parto de un hecho: toda mi generación nació en una cuna llamada crisis, llevamos tatuado ese nombre y, al parecer, así nos moriremos. Si naciste en el 82, ese fue el peor momento en que tus padres pudieron tener un bebé: la inflación llegó al 300%, tómalo en cuenta si vemos que la actual no rebasa el 6%, es decir: a pesar de todo, sobreviviste. Va lo mismo para los nacidos en el 94.


Sirva esto de preludio para el siguiente video de un entusiasta del software que tuvo “la buena onda” de ponerle música a la cuesta abajo de los principales actores financieros. De alguna forma, cada punto marcado representa una nota musical, por lo que se puede considerar como una composición melódica original creada por la fatalidad financiera. Impersonal y abstracta, fantasmal y contundente, tal como las gráficas que deciden hoy nuestros destinos económicos.





viernes, 6 de febrero de 2009

Mitologías mexicanas



El Santo
es nuestro súper héroe total, una ficción traspasada por la realidad fenoménica
de la carne y el hueso. Amamos a Santo porque nunca hemos visto su rostro, porque usa capa y máscara aún fuera de la película y el ring; porque es noble con los niños, caballero con las damas, leal con los amigos; lo amamos porque come en fondas y tiene panza. La sencillez es una virtud capital para los mexicanos.



Santo puebla nuestras fantasías infantiles y adultas, sus aventuras nos emocionan porque son también nuestros sueños: pelea con vampiros, hombres lobo, extraterrestres y mafiosos; viaja a tierras extrañas, a las playas, a cuevas y laboratorios secretos, manejando un Porsche o un MG; sus admiradoras tienen los ojos grandes, las caderas anchas y los pechos generosos; es el único héroe que puede pelear en Guanajuato contra momias endemoniadas y que, una vez vencidas, se va a celebrar a Guadalajara, como lo haría cualquiera de nosotros.


Nos enamoramos otra vez de él con ese culto al kitsch y lo vintage que trajo la posmodernidad, con el revival de la música surf y proto-lounge en México, porque Televisa volvió a popularizar la lucha libre en la televisión y canales como Galavisión o Cuatro T.V. nos iluminan todos los días, en televisión abierta, con su delirante acervo cinematográfico.


25 años después de su muerte nos sigue encantado su golpe de karate, sus trajes inmaculados, las computadoras con un botón y miles de foquitos, sus vampiros de hule. Lo queremos porque es el único héroe indivisible de este mundo; siempre fue el Santo, por encima de la persona llamada Rodolfo Guzmán, y aún en la hora de su muerte, fue enterrado con la máscara puesta en su rostro; si la resurrección existe, se levantará para comparecer ante Dios con esa máscara.


Larga vida al único súper héroe que ha existido.


Una de mis escenas favoritas: Santo, Blue Demon y Mil Máscaras acaban con las momias de Guanajuato, usando unas pistolas lanzallamas









martes, 3 de febrero de 2009

El mundo alucinante

Amigos lectores: por muchos años me he mostrado como una persona culta y de refinados gustos, lo cual me ha dado grandes satisfacciones narcisistas y entrañables amistades selectas; hasta hace algunos años, me jacataba de que mis conversaciones podían ir desde Baltasar Gracián hasta la última película Wong Kar Wai, por decir lo más burdo. Pero ya me cansé de llevar esa máscara.

Hace poco vi un post que movió algo dentro de mí. La siempre genial Evol puso en su blog un video de los Caracoles, un grupo tropical originario de Xalapa, Veracruz; ver a esos hombres maquillados como lo hacía el buen Genne Simmons en sus tiempos de gloria, fue como recordar un sueño muy lejano, delirante, que en realidad fue parte de mis circunstacias culturales. Sobra decir que, aunque mi familia aborreció siempre la cumbia, yo crecí escuchando a grupos como los Caracoles, porque las calles de mi Personal-Macondo (Cosamaloapan, Veracruz) tenían otra lógica cultural, carnavalesca, pícara, vulgar e ingenua, y a pesar que mis oídos se engancharon de la guitarra eléctrica de los Stones, Led Zep y todo el movimiento de "Rock en tu idioma" (algo muy extraño en Macondo), una parte de mi corazón siempre ha pertenecido a esa música de microbuses y vendedores de CD en el metro.

Sirva esta remembranza para presentar una nueva sección de este blog titulada: "El mundo alucinante" (con homenaje explícito a esa maravillosa novela de Reinaldo Arenas), donde se presentará todo aquello que forma parte de mi educación musical alterna, esa música festiva y desparpajada que mi madre se esforzó mucho en evitarme, que avergüenza totalmente a mi mujer, pero que resulta divertida y refrescante como podría ser un fin de semana en Tepetongo.

Abrimos con este sensacional tema que se dejaba escuchar en las interminables fiestas sonideras de Santo Domingo, Coyoacán, mientras yo trataba de leer Sueños y Discursos de Quevedo, que, valga decirlo, le encantaban las vulgaridades tanto como Séneca.



miércoles, 28 de enero de 2009

The Black Keys "Attack and Release"


Tuve la mala idea de comparar a The Black Keys con mis queridos White Stripes por la evidente propuesta análoga de un dueto de rock carente de bajo, y hasta me pareció que los Blacks pretendían subirse a ese nuevo carro minimalista, sin tanta fortuna; sin embargo, su último disco me ha demostrado que los Black son una de las bandas de rock más originales y talentosas de los últimos años, y que el formato de dúo, en este caso, es más una simple forma que una modas o estrategia de marketing.

Y es que Jack y Meg son una pareja tan adorable y talentosa que realmente me cegaron por un rato; creí que dominarían el reino de los duetos por siempre. Los Black me parecían demasiado crudos, faltos de la simpatía y el carisma de los hemanos-esposos White; además, el sabroso cocktail de blues-garage-punk-country de los Stripes me parecía insuperable.

The Black Keys deciden en el 2008 romper con el minimalismo crudo y contratan a un productor en ascenso, Danger Mouse, para grabar Attack and Release, un album extraordinario, donde añaden instrumentos adicionales, líneas de bajo y técnicas modernas de grabación; en general, se trata de una producción más refinada, con canciones bien elaboradas, sin perder la aspereza guitarrera rock-blusera, que les ha dado el respeto de la crítica en general.

Este disco simplemente suena a rock en todas sus letras, muy puro y stoner, heredero de los monolíticos riffs de bandas como la Hendrix Xperience, Free, Zeppelin o Cream, pero sin sonar a una copia malgastada; son innovadores sin perder sus raíces bluseras; son crudos, sin llegar a desagradar. Sin duda, este nuevo disco les dará a los Black el reconocimiento y la atención que se merecen; es uno de los mejores discos de rock, de nueva producción, que he escuchado en varios meses, de los pocos que me han emocionado, y una prueba total de que el género existe a pesar de todo.

Nota: el único defecto que le veo es que Mix Up lo vende a 335 pesos; así que, gracias Dios, por Last FM, Youtube, Deezer...


El primer sencillo "I Got Mine"; aquí Daniel utilizando una guitarra con pastillas P90, para lograr ese timbre blues vintage, con amplis Fender y Marshall, un combo poco usual en el mundo del rock, y para darle caña, estoy seguro que un Big Muff de la Electro Harmonix, tal como lo usa también el Sr. Jack White.

N° 2 "Pluscuamperfecto"

Te había amado
como las estrellas a la noche,
como un romance de luna sobre río

Te había amado
como la tierra al sol,
con amor de semilla buena,
como los pastos sobre el cielo de abril

Te amé
desde la primer ave en el horizonte,
cuando el vuelo de las flores
llenaba mi corazón de verano

Te amé sobre los mares,
en la soledad de la arena,
en la prolongación del tiempo

Te amé desde la raíz

miércoles, 14 de enero de 2009

Light my fire

Es una lástima que yo recuerde a José Feliciano como un simpático cieguito ochentero, de canciones "positivas" como "Ponte a cantar" y la onda de "Cantaré, cantarás", cuando en realidad es un músico excepcional, de gran talento. Para muestra, este extraordinario "cover" al clásico de Jim Morrison y compañía, en verdad, muy disfrutable.


Porno

¿Quién dijo que la pornografía era degradante y aburrida?



jueves, 8 de enero de 2009

Elastica "Connection"

Hermosa chicas tocando enormes Riffs...
¿puede haber algo más sexy?


martes, 6 de enero de 2009

White Noise

Escribir lo que no se encuentra, escribir lo imposible, lo no existente. Perseguir un falso recuerdo, una invención, un capricho o el espejismo. Una vana esperanza de trascender los límites de lo impuesto, engañar a la memoria, traicionar a la conciencia.


Franquear la moral de lo cotidiano, el sol de todos los días, el sueño impuesto frente a un espejo. Ser el Ser paranormal, paradisíaco, parapetado, paranoico, una cortina de humo detrás del monitor.

Y entonces descender a la espiral de lo deseado, como una serpiente reptando sobre mis sueños arcaicos, el secreto mundo que hay detrás de los ojos; destruir esa frontera total y salir vivo, respirando, de este tiempo sofocante, de este espacio y esta memoria cercenada.


Tomar una gota en la lengua desde la insólita lluvia gris que me deshace cada día.

Esto es lo que entiendo por White Noise


miércoles, 31 de diciembre de 2008

The Renegades "13 women"

Hay demasíadas letras y muy poco rock en este espacio, así que, tratando de remediar esta falta, me disculpo con esta verdadera joya de 1966 que espero disfruten.

¡Feliz año!

lunes, 22 de diciembre de 2008

Las tres caídas de Juan Manuel Márquez


No deja de ser curioso que una publicación como El País tenga en su libro de estilo un principio donde señala que: “La línea editorial del periódico es contraria al fomento del boxeo, y por ello, renuncia a recoger noticias que puedan contribuir a su difusión”; a pesar de este rechazo a "lo violento", El País no tiene problemas con la tauromaquia, que no es un espectáculo tierno para ser sinceros.

Sirva esto para ver a qué grado puede herir susceptibilidades el box: sí, es un deporte brutal; corrupto, la mayor de las veces, y, hay que decirlo, morboso en gran medida. A mí, me encanta.

Mi padre era un gran aficionado al box y disfrutaba mucho ver con él las funciones sabatinas en la noche veracruzana, sentados en las mecedoras de la sala, con las puertas y ventanas abiertas, la luz apagada y el ventilador discreto, cada quien agitando una toalla para mantener alejados a los mosquitos. Cerveza para él, agua de limón para mí.

Y es extraño porque no me considero una persona agresiva ni violenta. Yo nunca he visto al box de esa forma, al contrario: para mí, siempre representó una gran metáfora del triunfo de la voluntad personal, una prueba soberbia de resistencia, valor y fuerza; también lo tengo como uno de los pocos gustos comunes entre mi padre y yo.

Y es que el boxeador que realmente aspira a triunfar (y durar) debe pasar por una serie tremenda de sacrificios y disciplinas que le permitan llegar pleno a un campeonato: entrenamientos exhaustivos, depuración de técnicas, presión de promotores y entrenadores, dietas terribles para mantener el peso, deshidratación antes y después de la pelea, evitar vicios y excesos, para que al final, a la hora de subir al ring, esa preparación de años haga la diferencia entre ganar y perder; además, necesita algo que sólo corresponde a cada espíritu: una determinación inquebrantable y una voluntad capaz de superar la fatiga y los castigos físicos imposibles para el resto de los seres humanos. En resumen: una concentración casi monacal que no sólo involucra la disciplina, sino también el valor guerrero de enfrentarse conscientemente a alguien que sabes te va a herir.

Me fascina ver cómo el buen boxeador cae, se levanta y sigue luchando, a veces para llevarse la victoria y toda la gloria; otras, para acabar casi muerto, derrotado, humillado, olvidado. Es un drama insuperable, real como la vida misma: no hay concesiones, no te puedes esconder, cansa y duele, es sin prórroga: al sonar la campana, tienes que salir a pelear, aunque el adversario sea mejor que tú, aunque ya no tengas fuerza para luchar, aunque no puedas soportar un solo golpe más en tu rostro.

Con esta idea, va toda mi admiración a Juan Manuel Márquez, un boxeador que está en la palestra mediática del Youtube más por sus derrotas que por sus victorias. Aunque es el actual campeón de las 135 libras, le tocó crecer bajo la sombra de dos súper estrellas mexicanas: Marco Antonio Barrera y Erik Morales, por lo que tardó mucho en sobresalir; Márquez se ha hecho de un nombre frente a los reflectores de HBO como un peleador digno de reconocimiento, demostrando en cada pelea su gran condición y talento; pero siempre será recordado por su dramatismo en las caídas que sufrió contra el campeón filipino Manny Pacquiao, un verdadero tigre-boxeador, el último gran verdugo del boxeo mexicano.

Y es que Márquez, por paradójico que se escuche, ganó esta infame atención en dos combates llenos de belleza y verdad, con un derroche de técnica y habilidad superior a la de Manny Pacquiao; sólo dos cosas lo separaron de esta gloria que se antoja robada: mandar a la lona al filipino y no ser derribado.

En el box, el knock down lo es todo; la diferencia con el nocaut es que éste es el fin de la pelea. Una caída impresiona a los jueces y al público, da los mayores puntos, avergüenza eternamente al boxeador: es un lastre imposible de quitar por el resto de la pelea y de la vida. Márquez encontró los demoledores puños del filipino cuando mejor estaba boxeando, cuando mejor lucía, cuando tenía las mayores posibilidades; el knock down lo fue todo, y a Márquez no le alcanzó todo su counter pounch acumulado; y se quedó a un paso de quedar en la historia como el hombre que frenó la consolidación del llamado "Mexicutioner" y ser el número uno del mundo "libra por libra".


Particularmente, en el primer encuentro que tuvieron, cuando ambos estaban en ascenso y era la oportunidad de ambos para llegar al cielo boxístico, Márquez sufrió tres caídas en el primer round, algo insólito para una pelea de esa categoría y para un boxeador como él; simplemente nadie podía creer lo fuerte y rápido que pegaba el filipino. Al final del asalto, Márquez tenía la nariz rota, un público enardecido por la sangre y once rounds más por pelear. Nadie creería hoy que no sólo acabó la pelea, sino que rescató un empate por la excepcional cátedra de boxeo que dio esa noche. Manny Pacquiao no es ningún dulce, ha derrotado por nocaut a todos los grandes boxeadores mexicanos: Morales, Barrera y recientemente Óscar de la Hoya; terminar ese encuentro, en esas condiciones, nos habla de un espíritu imbatible, de un arrojo y una superioridad moral pocas veces vistas en cualquier aspecto de la vida.

Sólo por esa pelea, considero a Márquez como una verdad, un boxeador de donde sale lo que más admiro de este deporte, y sobre todo, un hombre real, un brote de sabiduría sólo comparable con esa dura realidad resumida por Hemingway en El viejo y el mar: “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”.

Vale la pena mirar la pelea completa.



viernes, 19 de diciembre de 2008

Fragmentos de una correspondencia perdida 4




Cuántos días y minutos oscuros me llevó alejarme de la bestia que vive en ti, esa que cuando la música suena y corren los vinos, todo lo aplasta y devora en su calor animal.

Y me puedo romper hasta el último de mis huesos, resbalarme y caer hasta el fondo de tu mirada de piedra, y será inútil:

Vendrás con los dientes, las uñas y el suave olor de tu cabello.

Vendrás como una bestia de saliva quemante, con tu circundante, absoluto, invisible ardor.

martes, 4 de noviembre de 2008

Tideland




No es extraño que Tideland haya provocado opiniones tan diversas que van desde considerarla un verdadero asco hasta la de tenerla ya como una obra maestra; esta vez Terry Gilliam “se ha volado la barda” al presentarnos un arriesgado film sobre la imaginación infantil, donde presenta con mucho oficio dos tabúes de nuestros tiempos: la convivencia con las drogas y la sexualidad de una niña.

Y es que Jeliza-Rose, la protagonista, es lo más fiel a lo que podríamos llamar un “Real Wild Child” posmoderno, una sobreviviente de un mundo funesto. Sin tremendismos, con mucho humor e imaginación, el director resuelve con gran talento la complicada tarea de darnos la perspectiva fantástica de una pequeña, inocente y dulce, en un ambiente degradado al extremo por la disfuncionalidad de sus mayores que la rodean.

Los padres de Jeliza-Rose son un par de adictos terminales; al morir la madre a causa de una sobredosis, el padre decide partir a la casa de campo de la abuela; el lugar está en ruinas, abandonado en la nada de una gran pradera, donde los únicos vecinos son una pareja de hermanos bastante extraños: una tuerta aficionada a la taxidermia y un joven retrasado mental que sueña con matar al “tiburón”: el tren de pasajero que atraviesa cada día por esa zona. Este crecimiento entre verdaderos seres torcidos conmueve y asombra por el delgado hilo, siempre a punto de romperse, de la inocencia infantil y los peligros que la rodean.

A pesar de que esta evasión infantil no es algo nuevo (recordemos El laberinto del fauno), la visión de Gilliam es mucho más cruda y cercana a la realidad contemporánea; el ambiente de Tideland está cargado de una severa esquizofrenia, rodeada de drogas y sexualidad malograda, que logra ser amortiguada y superada por la imaginación infantil, y que logra desarrollarse sanamente hasta donde le es vitalmente posible.

¿Por qué algunas personas abandonaron la sala de cine antes de que terminara el estreno de esta película en el festival de cine de San Sebastián? Creo que Tideland destroza esa bella capa protectora que acompaña al cine sobre niños y nos ofrece un real equilibrio entre candidez y brutal realidad, donde la niña, soñando con príncipes y besos, se enamora de su vecino retardado y juegan darse besos a escondidas, sin que esto signifique más que un juego infantil, además de convivir naturalmente con sus padres drogadictos al grado de prepararles la jeringa de heroína como si preparara el jugo de naranja para el desayuno.

Lo cierto es que el espectador no sólo se instala en la realidad fantástica de la niña,sino en una buena parte de su psique, y eso es lo que más inquieta y encanta de la película, pues para el adulto, la realidad de la pequeña le resulta demasiado peligrosa y todo el tiempo teme el inminente desastre entre la realidad y la fantasía; sin embrago, al final, el instinto de supervivencia de la nena es más fuerte que cualquier "realidad" que queramos creer.

Sin duda, Tideland es una película que va a trascender: tiene el espíritu actualizado de Alicia en el país de las maravillas y la extraordinaria puesta en escena “on acid” que Gilliam ya utilizó en Twelve Monkeys y Fear and Loathing in Las Vegas. De lo mejor de este año.


martes, 28 de octubre de 2008

Levedad




Todo empezó sustrayendo el peso de mi cuerpo: volaba sin movimiento, acompasado por el aire inmaterial de los sueños. Mi espacio era agua sobre la superficie, como una lluvia de infancia que todo lo alimenta. Tenía mil ojos, un solo rostro; cientos de manos, un solo tacto. La presencia estaba bordándome las venas.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Sun King




A veces, el sol es mi certeza más profunda, la única ficción posible sobre el cuerpo.

La campana del día se expande en mis oídos
y su percepción es total:
la voz habla donde no es.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Survival



(Apenas despierto tengo esta certeza: el día que me vaya de aquí seré un sobreviviente)

Una mañana hostil, una mañana que no recuerdo, viajaba dormido en camión para el trabajo mientras la gente subía y subía en mi sueño; al despertar no hubo nadie; entendí que a esa hora nadie sube y nadie baja: todos soñamos.

Fragmentos de una correspondencia perdida (2)





Igual que se bordea un espejismo, yo doy vueltas sobre tu presencia con pasos lentos, casi imperceptibles, para que no escapes; equilibrio ritual hacia una persecución de significados, necesidad de límite que defina mi posición ante ti, la distancia. Apenas mi mano se mueve y tiemblo, como si el amor fuera una fobia de ratas, un miedo más potente que cualquier deseo. Y despacio avanzo sobre este insoportable clima de respeto; bajo el peso de una prudencia que me asfixia.

Sin embargo, cada segundo estoy más cerca de tocar el festín de los sueños. Las nervaduras de mi cuerpo se tensan: mis poros atisban el recelo bajo tu vientre, esa maravilla espesa. Y llegado el momento, cuando la primera detonación salga de mis dedos y te perfore el orgullo, no existirán palabras ni tiempo: todo será tan instantáneo y volátil como un principio corporal, asidos a nuestra naturaleza de espejismos, deseando ser piedra, mar o río, desvanecidos en el aire, como playas que no encuentra el mar.